lunes, 4 de agosto de 2014

Hospital sin alma

Hospital sin alma
Señor Director:
El sábado anterior, en el editorial titulado “sobre la compra del Hospital infantil” se hacían unas reflexiones actuales sobre las nuevas perspectivas de un viejo proyecto de salvar dicha institución, nada más cercano a los innumerables interrogantes que el devenir de los días y la existencia de un oprobioso sistema de salud, hacen que no puedan ser ignorados y que dichos planteamientos recobren cabal vigencia.
Del personal calor de hace unos años de defender a ultranza y sin titubear la existencia del hospital infantil para conservar la defensa de nuestros futuros ciudadanos, hoy se queda en un tibio deseo por evitar el cierre de una de tantas instituciones de salud en Manizales.
Y es que el tiempo ha depurado y ha destapado que hoy estamos, no frente a la desinteresada y altruista idea que tuvieron precursores como el médico Néstor Villegas Duque en 1938 y posteriormente Rafael Henao Toro, sino que la defensa del bolsillo de entidades precede y es priorizada a los intereses generales de una comunidad que debe velar por la salud de sus hijos.
El que otrora fue el hospital insignia y exclusivo para nuestros niños, el hospitalito como coloquialmente lo llamábamos cientos de caldenses, no queda nada… hoy es una especie de centro para no decirlo comercial que se alquila por módulos, sin alma, sin esencia en el ser humano, sin pensar en sus usuarios por que por encima de ellos está a quién le pertenece… a quién hay que cobrarle.
De las urgencias para niños… hoy fueron convertidas en aterradoras urgencias en donde adultos deben posar de niños para usar sus instalaciones, sin obviar las interminables esperas tanto para atención como para remisión y todas ellas a cargo de unos mercantiles de la salud como es el caso de la EPS que ocupa sus espacios.
Y hoy las realidades son diferentes, Manizales y Caldas han sido despojadas a plena luz del día de la especificidad de la atención en salud de nuestros niños, nuestros menores quedaron diluidos en medios de una maraña de instituciones dispersas: que al niño no le dispensan el infantil examen médico del futuro ciudadano y la inocente mirada de una vida que ha sido amenazada por el insondable devenir de una enfermedad.
La compra de un coco o una edificación que está dotada de elementos médicos para niños debe ir de la mano de una reflexión y un compromiso, devolverle el alma o esencia esperanzadora a una institución que defiende la vida inocente de nuestros angelitos, involucrar activamente a nuestra Universidad de Caldas para que sustente una vocación universitaria y sobre todo el compromiso de nuestra sociedad de exigir que la atención de sus hijos sea dada con la altura de pediatras que simbolice la vocación de cuidar un futuro que nos pertenece a cada uno de nosotros.
 
Hoy con nostalgia, rememoro la lágrimas que en mi paso formativo por sus áreas de oncología pediátrica me desencadena un niño cuando frente a un síntoma se aferraba a la esencia de vivir como un deseo innato de quien espera suplir y nutrir a la vida de esperanza, alegría e inocencia: aquel momento, que jamás olvido, me rememora que un hospital infantil debe tener alma… alma de niño.
José Norman Salazar González
http://www.lapatria.com/breves/correo-abierto/correo-abierto-110531

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